El amor no necesita de gritos disfrazados de interés.
No necesita forzar respuestas ni retener a nadie a la fuerza.
No se alimenta del control ni de la culpa.
El amor real es libre.
Es ese espacio donde uno puede respirar sin miedo,
sentirse elegido sin presión,
caminar sin que le sujeten los pasos.
Hay quienes confunden amar con poseer.
Y hay quienes insisten en quedarse donde no son bienvenidos,
pensando que insistir es igual a merecer.
Pero no.
El amor sano no se impone.
No nace del miedo, ni se sostiene con estrategias.
El amor de verdad florece solo,
incluso en silencio,
incluso con distancia.
Todo lo demás…
es solo ruido.

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